Las fobias
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Tipos de fobia
Agorafobia
La agorafobia es el miedo a estar
solo en cualquier lugar o situación donde sería difícil escapar o
encontrar ayuda en caso de necesidad. La gente con agorafobia puede
evitar atravesar puentes, calles muy concurridas, autobuses llenos
de gente, etc. Algunas personas llegan incluso a no ser
capaces de salir de sus casas, y si lo hacen, será solamente
cuando estén acompañadas por un miembro de la familia o amigo, o
bien sentirán un miedo muy intenso. Dos tercios de las personas con
agorafobia son mujeres. Los síntomas aparecen generalmente entre el
final de la adolescencia y la mitad de la tercera década de la vida.
El inicio puede ser repentino o gradual. La mayoría de las personas
con agorafobia desarrollan el trastorno después de sufrir uno o
varios ataques espontáneos de pánico; es
decir, sensaciones de terror intenso y abrumador acompañado por
síntomas como sudoración, falta de aliento o desmayo. Estos ataques
parecen ocurrir al azar y sin advertencia, impidiendo a una persona
predecir qué situación desencadenará tal reacción.
La incapacidad de predecir los
ataques del pánico llevan a estas personas a temer cualquier
situación en la cual podría ocurrir un ataque. En consecuencia,
evitan cualquier lugar o situación donde han ocurrido los ataques de
pánico anteriores.
Fobia social
La persona con
fobia social teme ser observada, rechazada
o humillada mientras hace algo delante de otras personas. Se trata
de actividades habituales como firmar un cheque o comer o beber
delante de otros. La fobia social más frecuente es el miedo a hablar
en público. Muchas personas tienen una forma generalizada de fobia
social, en la cual temen y evitan numerosas interacciones
interpersonales. Esto les dificulta ir a trabajar o a clase o
mantener relaciones de cualquier tipo. Los fobias sociales suelen
aparecer después de la pubertad y sin tratamiento pueden durar toda
la vida.
Fobias específicas
Como su nombre indica, se trata de
fobias a objetos o situaciones específicos. La incapacidad causada
por esta fobia puede ser severa si el objeto o la situación temido
es común o de uso habitual. La fobia específica más común entre la
población es la fobia a animales, particularmente perros,
serpientes, insectos, y ratones. Otras fobias específicas incluyen
el miedo a los espacios cerrados (claustrofobia) y miedo a las
alturas (acrofobia). La mayoría de las fobias simples se desarrollan
durante niñez y suelen desaparecer con el tiempo. Las que persisten
en la edad adulta no suelen desaparecer sin tratamiento.
Cualquier fobia que interfiera con
la vida diaria y dé lugar a una incapacidad extrema debe tratarse.
Con el tratamiento apropiado, la mayoría de los pacientes con fobias
puede superar totalmente sus miedos y permanecer sin síntoma durante
años o durante el resto de sus vidas. El tratamiento más eficaz
suele ser la psicoterapia de tipo cognitivo (terapia cognitiva de
Beck, terapia racional emotiva). A veces se utiliza medicación o una
combinación de psicoterapia y medicación.