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¿Quieres ser una persona encantadora?
Los más coquetos son los que mejor pueden enseñarte

 

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Recuperar la inocencia perdida

 

Alicia es una de esas escasas personas que ha sabido conservar, a pesar del paso del tiempo, esa inocencia infantil que lleva a los niños a considerar a cualquiera un amigo en potencia, siempre y cuando esté dispuesto a sonreírles y ser amable con ellos. Los niños más pequeños flirtean con todo el mundo. La mayoría son seductores por naturaleza de la manera más inocente. Generalmente, para llamar la atención de los demás, porque quieren ser vistos y oídos, quieren que los otros sepan que están ahí y se merecen que los quieran. Cuando Alicia se comporta así con los demás está haciendo lo mismo. Sin embargo, para muchas personas, parece que hubiera algo malo en esto.

 

Muchos de estos niños seductores natos pueden volverse más tímidos cuando surge en ellos por primera vez los sentimientos de vergüenza (de los que nacieron libres) si el ambiente que les rodea es represivo y los empuja a pasar desapercibidos y a no hacer ninguna de esas cosas "vergonzosas" que suelen hacer los niños.


De este modo no es extraño que el comportamiento habitual entre dos extraños que se encuentran por la calle sea tratar de evitarse lo más posible, sobre todo esa molesta mirada a los ojos, espejo del alma, según dicen, y lugar por el que los demás pueden colarse en nuestro interior y sin permiso.

 

El poder de hacer que los demás se sientan bien

 

Las personas como Alicia, en cambio, miran al extraño a la cara y ven a la persona tras la máscara. Con una expresión relajada y una suave sonrisa no evitan el encuentro, limitándose a dejar que el momento fluya por sí mismo, simplemente porque ha sucedido, igual que un niño, y luego tal vez se quede en una breve mirada, quizás un comentario, tal vez incluso una nueva amistad hecha en el aparcamiento del supermercado, en una tienda de artículos de regalo o en plena calle.

Cuando el vendedor de una tienda los recibe de mal humor le muestran su mejor sonrisa y le dicen: "Tienes un mal día hoy, ¿eh?", y de repente, como verdaderos magos, consiguen que el vendedor se desprenda de ese mal humor que tanto le estaba estresando.