Es el estrés que se produce cuando
una persona se encuentra durante mucho tiempo en una situación estresante, como
una familia disfuncional, violencia doméstica, situación de pobreza, o verse
atrapado en un trabajo que la persona desprecia. Es también el estrés producido
en conflictos nacionales o internacionales de larga duración, como los
conflictos armados duraderos.
El estrés crónico se produce cuando
una persona no encuentra el modo de salir de una situación desagradable; es el
estrés de las demandas y presiones de una situación que parece no acabar nunca.
Sin esperanza, estas personas dejan de buscar soluciones y se rinden.
A veces el estrés crónico procede de
acontecimientos traumáticos sucedidos en la infancia que una persona arrastra
sin resolver hasta la edad adulta. Se debe a que se ha creado una visión del
mundo que causa un estrés continuado, como percibir el mundo como un lugar
altamente amenazante, ver a los demás como hostiles y traidores, pretender ser
perfecto en todo momento, no bajar jamás la guardia para protegerse de posibles
agresiones, necesitar controlarlo absolutamente todo en todo momento, etc.
Lo peor del estrés crónico es que la gente
se acostumbra a él y se olvida de que está en una situación dañina. A veces, se
han acostumbrado de tal forma que lo encuentran familiar y se sienten
desconcertados en una situación no estresante.
Pero el estrés crónico puede llevar
al suicido, desencadenar violencia, ataques cardíacos y puede que incluso
cáncer. Los recursos físicos y psicológicos se agotan y esta persona se viene
abajo.
Cómo afecta el estrés al cuerpo
El suceso estresante es algo que se
percibe como una amenaza, y nuestro cuerpo está biológicamente preparado para
responder a las amenazas mediante la respuesta de lucha/huída. Para prepararnos
para la lucha o la huida, nuestro cuerpo segrega una serie de hormonas, llamadas
las hormonas del estrés, que provocan una serie de cambios fisiológicos en
nuestro cuerpo para facilitar dicha respuesta. Estos cambios son los siguientes:
1. Respuesta del sistema músculo-esquelético, con
tensión muscular que permita la lucha o huida.
2. Respuesta del sistema cardiorespiratorio: el
corazón late más deprisa, llevando más sangre al cerebro y los músculos (el
flujo sanguíneo puede aumentar hasta un 400 %); la respiración se acelera.
3. Respuesta del aparato digestivo. La digestión
se detiene para no utilizar la energía que se necesita en otro lugar del cuerpo,
como los músculos. Se produce una activación de las contracciones del colon y el
recto. Las contracciones y secreciones del estómago y duodeno se ven inhibidas
si la emoción que se siente es miedo, y se activan si la emoción es ira.
4. Inhibición del sistema inmunitario debido a la
tendencia a suspender actividades para utilizar la máxima energía posible en la
lucha o huida. La hormona del estrés llamada cortisol es la responsable de esta
inhibición del sistema inmunitario.
Todo esto puede favorecer una respuesta
apropiada ante una amenaza, pero si dura demasiado o es excesivamente frecuente,
acabará creando problemas físicos, entre ellos los siguientes:
- Dolores de cabeza por tensión muscular,
dolor de espalda, hombros y cuello, síndrome de fatiga crónica, fibromialgia.
- Hipertensión, problemas cardíacos,
migrañas.
- Colitis, úlceras, dolor abdominal,
enfermedad de Crohn, síndrome del intestino irritable, diarrea,
estreñimiento, pérdida de apetito y sensación de plenitud.
- La disfunción del sistema inmunitario
puede dar lugar a infecciones y jugar un papel en el asma, alergias, y otras
enfermedades respiratorias, artritis reumatoide, lupus, cáncer, etc.
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