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Expresar las emociones

 

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Las emociones y nuestra interpretación de los acontecimientos

 

Con frecuencia, las emociones están relacionadas con el modo cómo interpretamos las cosas que nos suceden. Ante un mismo suceso, tres personas distintas pueden reaccionar de tres modos diferentes.


Esto nos indica que no fue el suceso en sí mismo lo que desencadenó las emociones (pues si así fuera, todos sentirían lo mismo), sino que fue el modo en que cada uno interpretó lo sucedido. Por ejemplo, tras sacar la misma nota en un examen, dos estudiantes pueden pensar cosas muy diferentes. El primero puede pensar: "Bien, he aprobado, es estupendo", lo cual le llevará a sentir alegría; mientras que el segundo puede pensar: "Sólo he sacado un 6; esa nota es un asco, soy un fracaso", lo cual lo llevará a sentirse deprimido.
 
Las interpretaciones pueden hacerse de un modo tan rápido y automático que ni siquiera te des cuenta de lo que has pensado. Algunos acontecimientos producen las mismas emociones en prácticamente todas las personas. Por ejemplo, la mayoría de los estudiantes se sienten tristes o decepcionados al suspender un examen. Pero si la reacción emocional de uno de estos estudiantes es exagerada o demasiado intensa, es más que probable que se deba a una interpretación distorsionada del suceso, más que al suceso en sí mismo. Por tanto, cuando tus emociones son exageradas, demasiado dolorosas o demasiado intensas, te están diciendo que te conviene reevaluar tu interpretación del acontecimiento, pues seguramente estás usando un modo de pensar exagerado, distorsionado, poco realista o catastrofista, como: "He suspendido, lo que prueba que no soy más que un fracaso, que jamás lograré terminar la carrera y no llegaré a nada en esta vida". En definitiva, estarías usando lo que suele llamarse un pensamiento no constructivo.
 
Entre los modos no constructivos de pensar se encuentran los siguientes:


Pensamiento dicotómico. Consiste en interpretar los sucesos en términos de blanco o negro, describiéndolos como maravillosos o terribles, sin término medio. Por ejemplo: "O soy un magnífico estudiante que siempre saca buenas notas o soy un fracaso absoluto que no vale para nada".


Personalización excesiva. Consiste en llegar a la conclusión, de manera automática, de que las conductas de los demás o sus estados de ánimo están relacionados con nosotros. Por ejemplo: "Si ha bostezado es porque le aburro" (sin pensar en oto motivo posible).


Generalización excesiva. Consiste en considerar que un acontecimiento tiene un impacto mucho mayor y en muchas más áreas de tu vida de lo que sucede en realidad. Por ejemplo, "Si suspendo, todos pensarán que soy un fracaso, nadie me querrá, no lograré nada en la vida, me quedaré sin amigos..."


Filtrado. Consiste en exagerar los acontecimientos negativos y minimizar o restar importancia a los positivos.


Razonamiento emocional. Concluir que si sientes algo debe ser verdad. Por ejemplo, pensar que si te sientes estúpido es porque lo eres.

 

Al indagar y descubrir las distorsiones de pensamiento que te llevan a sentirte tan mal, puedes modificar tu modo de pensar para utilizar un pensamiento más constructivo que te ayude a sentirte mejor.