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6. Estimula la independencia de tus hijos.
Establecer límites ayuda a
los niños a desarrollar una sensación de control, mientras
que estimular la independencia los ayuda a desarrollar una
sensación de auto-dirección. Para tener éxito en la vida,
tus hijos van a necesitar ambas cosas.
Es normal que los niños quieran ser autónomos. Muchos padres
cometen el error de confundir el deseo de independencia de
sus hijos con la rebeldía o la desobediencia. Los niños
luchan por su independencia porque es parte de la naturaleza
humana desear sentirse en control en vez de sentirse
controlado por alguien.
7. Sé consistente.
"Si tus normas varían de un día a otro de un modo impredecible o si sólo haces que se cumplan de manera intermitente, la mala conducta de tus hijos es culpa tuya, no de ellos. Tu herramienta disciplinaria más importante es la consistencia. Identifica aquellos aspectos que no son negociables. Cuanto más esté basada tu autoridad en la sabiduría y no en el poder, menos la retará tu hijo".
8. Evita una disciplina dura.
Los padres nunca deberían
pegar a sus hijos, bajo ninguna circunstancia. Los niños que
son azotados o abofeteados son más propensos a pelearse con
otros niños y tienen más probabilidad de ser acosadores de
otros niños y de usar la agresividad para resolver los
problemas.
Hay muchas otras formas de disciplinar a un niño, incluyendo
el tiempo fuera (hacer que se vaya a alguna habitación
aburrida durante unos minutos) que funcionan mejor y no
implican agresión.
9. Explica tus reglas y tus decisiones.
Los buenos padres tienen expectativas y esperan que sus hijos se atengan a ellas. Por lo general, los padres explican en exceso a los niños y explican demasiado poco a los adolescentes. Lo que es obvio para ti, puede no serlo para un niño de 12 años. No tiene las prioridades, juicio o experiencias que tienes tú.
10. Trata a tus hijos con
respeto.
El mejor modo de conseguir que tus hijos te respeten
consiste en tratarlos a ellos con respeto. Deberías dar a
tus hijos el mismo trato de cortesía que darías a cualquier
otra persona. Háblales con amabilidad, trátalos bien, trata
de complacerlos cuando puedas. Tu relación con tus hijos va
a constituir la base de su relación con otros.
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Por ejemplo, si tu hijo o hija es quisquillosa con la comida no deberías darle mucha importancia, explica Steinberg. Los niños desarrollan preferencias alimenticias. A menudo van por fases. Seguramente no deseas que la hora de comer se convierta en algo desagradable. Simplemente no cometas el error de sustituir las comidas sanas por comida basura. Si no tienes este tipo de comida en la casa, tus hijos no la comerán.
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