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3. Implícate en la vida de tus hijos.
Implicarse lleva tiempo, es un trabajo duro, y a menudo
supone reconsiderar y modificar tus prioridades. Con
frecuencia significa sacrificar lo que deseas hacer por lo
que tu hijo necesita hacer. Procura estar ahí, tanto mental
como físicamente.
No obstante, implicarse no significa hacer las tareas
escolares de tus hijos, o corregirlas. Las tareas para casa
son una herramienta que los profesores utilizan para saber
si los niños están aprendiendo o no. Si tú haces sus tareas,
estás impidiendo que el profesor sepa lo que tu hijo ha
aprendido.
4. Adapta tu conducta para que encaje con tus hijos.
Procura estar al nivel del desarrollo de tu hijo/a. Recuerda que está creciendo. Ten en cuenta cómo su edad afecta a su comportamiento.
La misma necesidad de independencia que hace que tu hijo/a de tres años diga "no" todo el tiempo es la que le motiva para aprender a ir al baño a hacer sus necesidades solo. El mismo crecimiento intelectual que hace que tu hijo/a de 13 años sea curioso e inquisitivo en la escuela, está haciéndole discutidor en casa.
5. Establece reglas y mantenlas.
Si no controlas el
comportamiento de tu hijo cuando es pequeño, le costará
bastante aprender cómo controlarse a sí mismo cuando sea
mayor y tú no estés cerca. En cada momento del día o de la
noche, debes ser capaz de responder a estas tres preguntas:
¿Dónde está mi hijo? ¿Con quién está? ¿Qué está haciendo?
Las normas que los niños aprenden de ti, van a influir en
las normas que luego aplicará a su propia conducta.
Pero, por su puesto, no debes controlar cada instante. Una
vez que tus hijos estén en un grado de escolarización
intermedio, deja que hagan sus tareas, que tomen decisiones
por sí mismos y no intervengas en dichas decisiones.
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