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No encuentra nunca lo que busca porque en realidad
eso que tanto anhela es su verdadero yo
Ese yo que se perdió en algún
rincón de su propia oscuridad, tal vez en su infancia, y que sólo podrá
encontrar en su interior; nunca en los demás. Perdieron ese yo cuando
abdicaron de su vida y de sí mismos porque se sentían avergonzados de
ser quienes son, se consideraban personas vacías, sin sentido y sin
valor. Carentes de la autoestima suficiente como para sentirse valiosos
por sí mismos, por ser quienes son, por amor y aceptación de sí mismos,
se lanzaron al exterior en busca de esa fuente de autoestima, de alguien
que les demostrara que son valiosos y dignos de amor. Pero ese alguien
tiene que demostrárselo una y otra vez, porque, de algún modo, perciben
la fragilidad de esa identidad prestada, conscientes sólo en las sombras
de que le han dado a la otra persona todo el poder necesario para
hundirles en la desgracia más absoluta, robarles su identidad,
transformarlos en seres insignificantes y sin valor con un simple rechazo,
un "ya no te quiero"... Entonces sienten miedo, rabia,
resentimiento, inmediatamente reprimidos. Se ven a sí mismos como seres
altruistas y abnegados, dedicados a su pareja, a través de la cual
definen su propia identidad, hasta que un día, por cualquier motivo, por
muchos motivos, desaparece de sus vidas: "te abandono", le
dicen. Y el codependiente escucha entre brumas las palabras más
aterradoras que podría escuchar en toda su vida. Con su amante desertor
se va todo su mundo, su vida se esfuma de repente, se queda solo. Mira a
su alrededor y ve que no tiene nada, excepto el vacío, la desesperación,
la incertidumbre. "La vida ya no tiene sentido", piensa, "
todo lo que me importaba ha desaparecido". Y ya no sabe quién es.
Pero tarde o temprano el resentimiento y la frustración
acaban emergiendo como resultado de ese miedo.
¿Cómo no estar resentido con la
persona que tiene el poder de dejarle sin vida y sin identidad? Y a pesar
de la tendencia a la represión no son infrecuentes los estallidos de cólera
y rabia contra esa persona, a veces en forma de agresión pasiva. A esto
hay que añadir que se ofende con gran facilidad ante la menor crítica,
porque su valía como persona está en juego cada vez que alguien, sea
quien sea, lo juzga. Entonces actúa de dos maneras: o le da la razón a
los otros, en cuyo caso se siente estúpido y sin valor, o piensa que los
otros se equivocan, en cuyo caso los ataca con fiereza para demostrar su
error, hacerles aceptar que se han equivocado y restaurar así su
autoestima perdida. Y todo esto puede ser más intenso con su pareja, ya
que es la persona a la que más poder sobre su autoestima le ha dado.
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