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3. Las reacciones de otras
personas.
Una fuente importante de autoconocimiento procede de las
reacciones de los demás ante nuestro comportamiento. Estas
reacciones funcionan como una especie de espejo que refleja
nuestra imagen para que nosotros la podamos ver a través de
los ojos de otra persona.
Por ejemplo, un niño o niña superprotegido por sus padres
puede considerarse débil, y una persona rechazada puede
considerarse alguien sin valor. Cuando los maestros y otras
personas les decían a los niños repetidas veces que eran
cuidadosos y limpios, los niños llegaban a ser más
cuidadosos y limpios (dejaban menos residuos a su alrededor)
que aquellos a los que se les dijo que debían ser cuidadosos
y limpios. Es decir, las expectativas de los demás pueden
influir tanto en nuestra conducta como en nuestro
autoconcepto, pues los niños descritos como cuidadosos
incorporaron esta característica a su sentido del yo,
considerándose a sí mismos cuidadosos y actuando en
consecuencia. Mientras que los niños a quienes se les dijo
que debían serlo, lo vieron como una imposición externa. Las
personas prefieren realizar las cosas por motivaciones
intrínsecas antes que por imposiciones externas.
4. Comparación social.
Los
pensamientos y sentimientos sobre uno mismo pueden surgir
también de las comparaciones con los demás. Debido a que las
personas desean evaluarse con precisión, buscan a otros
similares a ellos para compararse. Por ejemplo, si juegas
moderadamente bien al baloncesto, te compararás con una
persona con una habilidad similar a la tuya, no con un
jugador profesional. Es frecuente que las personas se
comparen con los de su mismo sexo, edad, etc. De este modo
se revelan los atributos únicos que nos distinguen de
nuestros iguales, y que las personas usan para construir un
sentido único de sí mismos. Por este motivo, las
características minoritarias (como pertenecer a una raza
minoritaria, ser homosexual, etc.), se tienen más presentes
a la hora de definir quienes somos.
Por ejemplo, los niños que llevan gafas usan este atributo para describirse a sí mismos, mientras que los que no las llevan no se describen a sí mismos como "sin gafas". La comparación social permite a las personas construir un autoconcepto que les dé una fuerte sensación de ser únicos y distintos.
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