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| Sección de psicología | ||||
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El arte como terapia |
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Autora: Ana Muñoz, psicóloga, directora de Cepvi.com |
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Selección de personal: informes de personalidad e inteligencia Pensamiento constructivo (inteligencia emocional) Terapia con flores de Bach (medicinas alternativas)
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Segunda parte Música
y baile.
Posiblemente, una de las terapias más antiguas sea la danza.
Los integrantes de las antiguas tribus creían en la existencia de un espíritu
curativo que podía ser liberado del interior de una persona mediante la
creatividad y la música. Al anochecer, los miembros de la tribu bailaban
libremente alrededor del fuego, al ritmo monótono de los tambores,
dejando que su cuerpo se moviese por sí solo hasta tal punto que podían
desconectarse por completo y llegar a caer en un estado de trance o
meditación. Más tarde, se combinó la música y el baile con una
historia que contar y desde entonces el mundo entero ha bailado y cantado
su alegría o su dolor y ha enfrentado sus temores a través del lenguaje
de su cuerpo. El baile juega un papel muy importante en la sanación en
muchos lugares de Africa. Las mujeres practicantes de la religión bori
que sufren algún tipo de enfermedad mental son llevadas a una capilla
donde aprenden, durante tres meses, una ceremonia de curación que implica
la danza y la canción. Probablemente, este proceso de aprendizaje es tan
importante como la ceremonia misma.
Muchos
terapeutas que utilizan el baile como una forma de sanación hablan de la
importancia de concebir nuestro cuerpo y nuestra mente como una unidad, de
ponernos en contacto con nuestro cuerpo y escuchar lo que tiene que
decirnos en vez de tratar de dominarlo y controlarlo para arrancar la
enfermedad de él. El baile es el lenguaje del cuerpo y al utilizarlo
conscientemente estamos creando una comunicación entre la mente y el
cuerpo. La danza meditativa, por ejemplo, consiste en que la persona que
lo practica se mueva al ritmo de la música o en silencio, con los ojos
cerrados, consciente sólo de su respiración y su movimiento, mientras
utiliza sus manos y sus brazos como pinceles que van pintando el espacio
en el que se mueve lentamente, sin esfuerzo y sin violencia, sin ninguna
intención excepto el placer de sentir el propio cuerpo, sin ser apenas
consciente del proceso curativo que puede estar teniendo lugar en su
interior.
En cuanto a los instrumentos, probablemente los más
ampliamente utilizados dentro de este tipo de terapia sean los de percusión.
En el antiguo Egipto, estos instrumentos eran considerados poseedores de
un poder espiritual capaz de influenciar y transformar la conciencia y,
por tanto, la realidad. Se utilizaban en los ritos religiosos egipcios
para abrir el corazón a los dioses (las palabras corazón y mente se
utilizaban indistintamente para indicar la conciencia), generalmente
tocados por sacerdotisas. El didjiridoo es un cuerno aborigen que parece
ser la más efectiva de las terapias vibracionales. El tambor es capaz de
producir una disminución de las ondas cerebrales, que se vuelven más
amplias y lentas, induciendo, por tanto, un estado de relajación y calma.
Los cuencos tibetanos, formados por metales semipreciosos, producen un
sonido asombroso y fascinante. Entre los que mejor conocen los efectos terapéuticos del sonido se encuentran los gatos, hasta el punto de haber conseguido la merecida fama de tener siete vidas. El ronroneo ayuda a que sus huesos y órganos sanen más rápidamente, lo que explica que sean capaces de sobrevivir a caídas desde muchos metros de altura. Un estudio realizado con 132 gatos mostró que el 90% sobrevive a una caída desde un edificio de 5,5 planas por término medio. Uno de ellos sobrevivió a una caída de 45 pisos. El sonido producido por el ronroneo de los gatos oscila entre 27 y 44 hercios. La exposición a frecuencias similares se ha visto que mejora también la densidad ósea en humanos. Algunos científicos están investigando para comprobar si un tratamiento basado en el sonido sería capaz de detener la osteoporosis e incluso renovar el crecimiento óseo en mujeres posmenopáusicas. Según el doctor David Purdie, del centro de enfermedades óseas metabólicas en la universidad de Hull, el esqueleto humano necesita estimulación o empieza a perder calcio y debilitarse. El ronroneo podría ser el modo en que los gatos proporcionan esa estimulación a sus huesos. Añade que es difícil idear ejercicios físicos para gente mayor que sufre de osteoporosis pero que tal vez sería posible usar un mecanismo que utilizara el ronroneo del gato para fortalecer sus huesos. Escritura
Escribir
es también una forma creativa de mantener a raya el estrés de la vida
diaria y una ayuda a la hora de resolver problemas emocionales o físicos,
como pudo demostrar un grupo de investigadores de la Universidad Estatal
de Nueva York en un estudio realizado con enfermos de asma y artritis
reumatoide a quienes se pidió que escribieran sobre un acontecimiento
estresante. Incluso cuatro meses después de haber realizado el ejercicio
sus síntomas físicos mostraban una mejoría clínica relevante. Los
investigadores no pudieron descubrir la forma en que la escritura es capaz
de producir este tipo de efectos. Sin embargo, son muchos los que
defienden la estrecha relación existente entre mente y cuerpo, entre
alteración emocional y enfermedad física, por lo que no resultan tan
extraños estos resultados. Escribir sobre un determinado problema es una
forma de trabajar en él, asimilarlo, descubrir nuevos aspectos que se nos
habían escapado y sacarlo al exterior, de forma que podemos hacerlo más
objetivo, mirarlo desde fuera (algo que podemos realizar también con
cualquier otro tipo de expresión artística).
Pero esta no es la única forma de utilizar la escritura como
terapia. La poesía, los relatos, los cuentos, las novelas... constituyen
también una forma efectiva de hurgar en el subconsciente y sacar de allí
historias que son en realidad narraciones sobre nosotros mismos o el mundo
que nos rodea. Crear un personaje que vive una determinada situación y
expresa unos sentimientos concretos de una manera particular, puede ayudar
al escritor a comprenderlos y manejarlos, tanto si le pertenecen como si
pertenecen a otras personas de su entorno. ¿Por qué nuestro protagonista
reacciona de un forma determinada? ¿Por qué se comporta de esa manera?
¿Por qué se siente así? El escritor sabe responder a estas preguntas.
Por este motivo, mientras escribe está profundizando en el alma humana y
también en la suya. Convertir las distintas facetas de nuestra
personalidad en personajes de un relato o novela, por ejemplo, constituye
una buena forma de conocerlas mejor y de integrarlas. Las historias que han escrito los demás pueden tener también un efecto muy positivo en el lector. La doctora Clarissa Pinkola Estés, autora de Mujeres que Corren con los Lobos, utiliza el relato como terapia. A través de cuentos de hadas, mitos y leyendas trata de hacer aflorar a la conciencia la parte de nosotros que guarda nuestra verdadera esencia; eso que ella, en su trabajo con las mujeres, llama la Mujer Salvaje. "Los cuentos son una medicina. Tienen un poder extraordinario. No exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo; basta con que escuchemos. Los cuentos engendran emociones, tristeza, preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la superficie el arquetipo; en este caso, la Mujer Salvaje". Según ella, los antiguos cuentos de hadas, sobre todo en su forma original, contienen instrucciones que nos ayudan a enfrentarnos y superar determinados problemas que el ser humano experimenta de forma universal, como aquellos relacionados con la muerte, el amor, el sexo, la transformación, el nacimiento, el duelo. La persona que lee un cuento que trata un tema relaciona con su problemática personal, siente al leerlo un estremecimiento que recorre todo su cuerpo, porque está leyendo su propia historia contada por otro. Del
teatro al psicodrama.
El psicodrama consiste en interpretar situaciones de la vida
de una persona, expresando los sentimientos implicados en los
problemas de su vida diaria. Su aparición se remonta a los años 20,
cuando Jacob Moreno empezó a utilizar lo que él llamaba el drama sin
ensayo, como una forma de arte más y sin pretensiones terapéuticas,
hasta que una actriz con la que trabajaba le habló de ciertos problemas
personales y se le ocurrió utilizar un juego de roles sin guión para
resolverlos. Así fue cómo nació la dramatización espontánea de
situaciones conflictivas o psicodrama, que se ha estado utilizando desde
entonces en diversas corrientes psicoterapéuticas, principalmente en el
contexto de terapia de grupo, donde los distintos miembros interpretan a
las personas implicadas en la vida y conflictos de uno de ellos. Por
ejemplo, uno de los participantes puede hablar a otro como si este último
fuese su pareja, expresando de este modo sus sentimientos de una forma más
efectiva que si solamente los narrase. También pueden ensayarse
determinados comportamientos, como aprender a entablar una conversación
con un desconocido, hacer valer nuestros derechos de forma efectiva, pedir
una cita a alguien que nos atrae, etc. Representar lo que se quiere ser
constituye una gran ayuda para llegar a serlo.
Los miembros del grupo que no están actuando en ese momento
constituyen el público e intervienen una vez terminada la representación,
dando su opinión y aportando una buena dosis de objetividad al problema
del paciente. Es importante que los actores sean espontáneos y que
expresen sus sentimientos sin restricciones ni inhibiciones, algo que se
ve facilitado por el contexto de terapia de grupo, en el que todos van a
participar por igual.
El terapeuta observa la escena mientras se representa y la detiene
si piensa que el protagonista no está siendo espontáneo o los otros
actores no han comprendido del todo a los personajes de la vida del
protagonista que están representando. Por supuesto, de este modo podemos aprender a ser mejores, pero también podemos aprender comportamientos poco deseables. La adolescencia es quizás la etapa más vulnerable en este sentido, ya que el o la adolescente está buscando su propia identidad y necesita personas con quienes poder identificarse. La figura del héroe vengador y justiciero tiene un gran atractivo para los adolescentes y las señales que emite son muy contradictorias, ya que por un lado es un asesino cruel que mata con gran frialdad y sin arrepentimiento(a los "malos", por supuesto) y por otro aparece como el bueno de la película, el héroe al que todos aclaman. Por tanto, no es difícil conseguir que un adolescente si sienta atraído por él y el juego de roles constituye una buena forma de aprender su comportamiento. Saber cómo hacer algo, por supuesto, no implica que vayamos a hacerlo, pero siempre es más fácil hacer algo que hemos aprendido y ensayado que hacer algo que desconocemos, sobre todo si se trata de una persona con algún tipo de problema emocional. Algunas
técnicas utilizadas en el psicodrama El
doble. Otra persona imita al protagonista, a veces
de forma exagerada o incluso actúa por él, sobre todo cuando el
terapeuta considera que está teniendo problemas a la hora de expresar sus
sentimientos o no se atreve a hacerlo. La
tienda mágica. Se trata de una tienda en la que se venden
valores y metas en la vida y se utiliza cuando el paciente no tiene claro
cuáles son los suyos. Para comprarlos en la tienda mágica tendrá que
entregar a cambio un aspecto de sí mismo que valore. De este modo puede
darse cuenta de qué es lo que de verdad le importa. Inversión
de roles. El protagonista y otro miembro del grupo
intercambian los papeles. Esta técnica ayuda a ponerse en el lugar del
otro, verse desde fuera y representar al otro como a uno le gustaría que
se comportara. Técnica
del espejo. El protagonista pasa a formar parte de la
audiencia y otro ocupa su lugar en la representación, comportándose tal
y como lo haría el protagonista o, a veces, exagerando. Representación
de sueños.
El paciente se tumba como si durmiera y los
demás representan su sueño a su alrededor siguiendo sus instrucciones.
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