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Patrones del vínculo afectivo en niños
Vínculo afectivo de seguridad.
Cuando están con la madre, los niños más pequeños se acercan y se alejan de ella continuamente y le muestran juguetes o la saludan desde lejos. Se entristecen y protestan cuando son separados de sus madres y la buscan. Cuando ella regresa se alegran y buscan su contacto. Después vuelven a sus niveles habituales de juego rápidamente. Son niños que suelen cooperar y mostrar poca agresividad. A la edad de preescolar la relación con sus padres es íntima y relajada.
Vínculo afectivo de evitación.
Mientras están con la madre se centran en el juego sin
incluirla a ella, con quien se muestran indiferentes o
evasivos. Parecen indiferentes a la separación. Rara vez
lloran cuando la madre se va y cuando regresa evitan mirarla
y la evitan también a ella. Se mantienen alejados de ella
incluso cuando la necesitan. A la edad de preescolar se
relacionan lo menos posible con sus padres y tienden a
ignorarlos.
Vínculo afectivo resistente. (También llamado
ambivalente o ansioso)
Cuando están con la madre se relacionan poco con ella y si
lo hacen es mostrando una conducta ambivalente, de
aproximación y rechazo. Les resulta difícil separarse de
ella y sus niveles de juego son bajos. Después de la
separación se muestran muy ansiosos y alterados, lloran
mucho pero se quedan pasivos y no la buscan. Cuando regresa,
se muestran ambivalentes. Es decir, pueden buscar su
contacto pero chillar y patear al mismo tiempo. Si los cogen
en brazos se muestran pasivos, enfadados o intentan que los
dejen en el suelo. No exploran mucho y no se les consuela
fácilmente. Es difícil que vuelvan a sus niveles anteriores
de juego. A la edad de preescolar manifiestan falta de
autonomía y una dependencia de los padres que exageran
mediante un comportamiento inmaduro de búsqueda de apoyo o
mostrándose seductores.
Vínculo afectivo desorganizado-desorientado.
Muestran comportamientos contradictorios e inconsistentes.
Saludan alegremente a la madre cuando regresa pero luego se
alejan de ella o se aproximan sin mirarla o parecen
aturdidos durante el reencuentro. Cuando tienen miedo de un
extraño se alejan y apoyan la frente en la pared aunque la
madre esté cerca. Realizan movimientos repetitivos de
balanceo o posturas extrañas, como acurrucarse en el suelo.
También pueden tener miedo a los padres (alejarse corriendo,
esconderse, ofrecerle objetos desde lejos y con los brazos
tensos, como si temieran acercarse demasiado).
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A la edad de preescolar tratan de controlar a los padres para intentar compensar de esa forma la ausencia de un ambiente predecible y estructurado que suele ser muy importante para los niños. A veces puede darse una inversión de roles, actuando el niño como si fuera el padre o madre y tratando de dirigirlos, cuidarlos, organizarlos y castigarlos.
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