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Pero este control deseado no siempre se consigue. A veces el hambre
puede más y sumada a un acontecimiento que inhiba sus rígidos
controles puede llevarla a un atracón (anorexia bulímica). Estos
acontecimientos pueden ser, por ejemplo, la ingesta de alcohol o
sucesos que dan lugar a sentimientos de ansiedad o depresión. De hecho,
cualquier persona privada involuntariamente de comida durante un tiempo,
tendría muchas probabilidades de darse una atracón una vez que vuelve
a tener comida a su disposición. Del mismo modo, la mayoría de las
persona bulímicas comienzan a atracarse después de un periodo de dieta
restrictiva y pérdida de peso, cuando el cuerpo empieza a luchar con más
fuerza por recuperar su peso normal. Por otro lado, los sentimientos de
depresión o ansiedad (debido a un acontecimiento sucedido, por ejemplo,
o por determinados pensamientos depresógenos) son percibidos como
excesivamente desagradables y hay una tendencia a escapar de ellos. Una
buena forma de hacerlo es a través del atracón. En cierto modo puede
decirse que la dieta las mantiene en un estado constante de frustración
y cuando aparece una nueva frustración que se suma a ella, sienten que
ya no pueden más y sueltan las riendas por completo, produciéndose el
descontrol que lleva al atracón. Sin embargo, el escape al malestar es
solo momentáneo, pues tras el atracón aparece un gran sentimiento de
culpa y fracaso que las puede llevar a provocarse el vómito.
Entre las bulímicas también son frecuentes las conductas
auto-lesivas, como hacerse cortes en la piel, quemaduras, pegarse a sí
mismas, como un modo de transformar el malestar emocional en dolor físico,
que consideran más fácil de soportar.
Se pesan a diario o bien evitan pesarse por completo, utilizan otras
prácticas de control de peso, como vómitos autoinducidos, laxantes,
diuréticos u otros fármacos, hacen ejercicio de forma compulsiva. A
medida que se van volviendo más obsesivas, su atención y su habilidad
para manejar sentimientos y relaciones se bloquean, se van aislando de
los demás y se van sintiendo emocionalmente vacías y deprimidas.
Suelen evitar comer con los demás. Son reservadas, evasivas, no siempre
sinceras.
Los laxantes son utilizados en ocasiones porque creen que de este
modo puede vaciar sus intestinos antes de que la comida sea absorbida.
Sin embargo esta creencia es errónea, ya que los laxantes sólo actúan
sobre la última porción del intestino, donde el material que se
encuentra es todo de desecho y será eliminado de todos modos.
Diferencias entre restrictivas y purgativas o bulímicas
Las pacientes bulímicas de peso normal suelen tener mayor confianza
en sus relaciones personales y tienden a reconocer que tienen problemas
alimenticios más a menudo que las anoréxicas, quienes tienden a negar
su enfermedad. Por otro lado, mientras que las restrictivas presentan un
gran autocontrol, en las bulímicas sucede al contrario, presentando
problemas en el control de los impulsos y siendo más frecuente entre
ellas el abuso de alcohol o drogas, auto-mutilación, cleptomanía,
intentos de suicidio, promiscuidad sexual y labilidad en el estado
de ánimo. La mayoría de las pacientes con síntomas purgativos suelen
estar deprimidas. Las bulímicas tienen mayor tendencia a experimentar
los sentimientos negativos abiertamente, como la furia, la envidia, la
rivalidad, a veces en estallidos que se suprimen bruscamente o que van
seguidos de sentimientos de vergüenza.
Entre las características de personalidad que pueden hacer a una
persona más vulnerable a la anorexia restrictiva se encuentran la baja
auto-aceptación, el perfeccionismo, la tendencia a obsesionarse, el
aislamiento social, el conformismo, exceso de autocontrol expresado a
través de alta auto-disciplina y control de las emociones, y una
alta auto-trascendencia (es decir, personas espirituales, desinteresadas
de sí mismas, poco pretenciosas, pacientes y no egoístas). Las bulímicas
presentan mayor facilidad para relacionarse y mayor apertura a nuevas
experiencias. En ellas, más que el perfeccionismo, predomina la baja
tolerancia a la frustración, de modo que las frustraciones de la vida
son percibidas como insoportables.
A veces esta baja tolerancia procede
de una sensación de "haber soportado ya demasiado", como las
burlas de compañeros, o el mismo dolor causado por su baja autoestima.
Muchas personas con trastornos de la alimentación han sufrido abusos
sexuales en su infancia.
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