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Amargura, resentimiento y cinismo

 

Al terminar sus estudios, Salvador pensó que había llegado la hora de comerse el mundo. Se imaginaba en una importante empresa de publicidad ocupando un puesto de ejecutivo y ganando mucho dinero. Pero pasó el tiempo y Salvador sólo había conseguido trabajos temporales poco o nada relacionados con sus estudios.

 

Empezó a sentirse frustrado y amargado y a responder a los demás con un tono cínico, destinado principalmente a hacer daño. Su lema parecía ser: "Si el mundo me trata mal a mí, yo voy a tratar mal al mundo". Ante las buenas intenciones de los demás o los deseos de ayudarle, respondía con comentarios hirientes o pesimistas, como "no necesito que me compadezcas", o "no vale la pena hacer nada, en este maldito mundo no hay nada para mí".

 

La amargura es una forma de depresión en la que la persona se centra principalmente en el mundo exterior, considerando que ha sido tratado injustamente (por los demás, por el destino, por el mundo...), se siente como una víctima de un mundo injusto y cruel, que parece estar empeñado en frustrar su planes y hacerle infeliz, se siente resentido, frustrado y adopta una actitud pesimista ante el mundo y el futuro, esperando siempre lo peor.

 

Este estado de ánimo suele aparecer cuando los planes de una persona se ven frustrados. Por ejemplo, no ha logrado el trabajo que deseaba, o no está llevando el tipo de vida que le gustaría y ve frustradas sus esperanzas. Empiezan a sentirse impotentes, incapaces de lograr aquello que creen que podría hacerlos felices y acaban pensando que nada de lo que cualquiera pueda tener en la vida importa en realidad.

 

Con su actitud cínica, suelen estar orientados hacia el exterior, más que hacia sí mismos, buscando algo negativo en todo lo que le rodea, ya sea situaciones o personas. Estas personas culpan a todo y a todos excepto a sí mismos, sin tener en cuenta su parte de responsabilidad en lo que le sucede.

 

Con frecuencia, el resentimiento hacia alguien no se expresa abiertamente. La persona no dice directamente lo que piensa, no expresa que algo que otra persona ha dicho o hecho la ha herido, sino que expresa su resentimiento de modos indirectos y pasivos, con comentarios despreciativos o cínicos sobre cualquier cosa excepto el tema que de verdad le ha dolido. Esta situación puede durar años, pues no se ponen las cartas sobre la mesa ni se discute el verdadero problema.

 

 

La persona resentida ve solo el lado negativo de las cosas. Se siente una víctima y esto le proporciona la excusa perfecta para no aceptar ninguna responsabilidad por su propio destino o situación. sigue señalando al mundo o a los demás como la causa de sus desgracias, negándose incluso a considerar la conexión que puede existir entre los acontecimientos de su vida y sus propias conductas, pensamientos o actitudes.

 

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