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Psicología / Artículos


Cuando nos amargamos a nosotros mismos

 

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Hay que tener en cuenta que el amargado crónico se siente así ante pequeñas cosas que suceden en su día a día. Por ejemplo, cualquiera puede sentirse frustrado si llega a casa y la encuentra llena de goteras e inundada, pero eso no es algo que suceda cada día, de modo que si solamente nos sentimos amargados ante un acontecimiento como ese, no por eso vamos a estar amargados de manera crónica. Por el contrario, el amargado crónico, se siente frustrado si al entrar en casa tropieza y rompe algo; si no encuentra las llaves del coche; si dejan de emitir su serie favorita; si le apetece una cerveza y no hay ninguna en su nevera; si su pareja está de mal humor; si hace demasiado calor; si hace demasiado frío... Es decir, se amarga ante cualquier cosa que no sea exactamente como desearía que fuese, transformando sus deseos en órdenes para el mundo.
 
La solución es, por tanto, simple: deja de pensar que eres el rey o reina del universo; deja de pensar que el mundo está ahí para servirte y satisfacer tus necesidades a todas horas y acepta que los inconvenientes, molestas y frustraciones forman parte de la vida, de manera que si al entrar a casa rompes algo, tíralo a la basura o arréglalo si es posible; si dejan de emitir tu serie favorita, busca otra que también te guste, lee un libro o haz cualquier otra cosa; si te apetece comer o beber algo determinado y no lo tienes, toma otra cosa; si tu pareja está de mal humor, acepta que es humana y que tiene malos días, como todos y espera a que se le pase; si hace demasiado calor, usa un ventilador, pon aire acondicionado, date una ducha, o simplemente soporta el calor pensando que no durará siempre, y así sucesivamente.
 
Tal vez no puedas evitar que haga calor o frío, o que algo se estropee, o que tu pareja esté un día de mal humor, pero sí puedes empezar a verlo de otro modo, a interpretar de otra manera las cosas que te suceden y a aceptar que la frustración forma parte de la vida y no es tan terrible.

 

Quizás nadie logre ser feliz el 100% de su tiempo, pero, si te conformas con ser feliz una buen parte del tiempo, y no te tomas los malos momentos a la tremenda, tendrás la sensación de que tu vida es, en general, feliz. Mientras que si te empeñas es exigirle al mundo la felicidad y comodidad absoluta, sólo lograrás estar amargado la mayor parte del tiempo.