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Psicología / Artículos


Cuando nos amargamos a nosotros mismos

 

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Es decir, tiene una visión de todo o nada, yendo de un extremo a otro constantemente: "O todo es perfecto y maravilloso, o todo es horrible". Así, en una relación de pareja, por ejemplo, no son capaces de soportar ni el más mínimo conflicto, pues tienden a pensar que todo debe ser siempre color de rosa y un pequeño conflicto es visto como algo horrible ("Si la relación no va siempre bien, entonces no vale la pena, es un asco de relación").
 
Por supuesto, este modo de ver las cosas no coincide en absoluto con la realidad, pues una relación de pareja va siempre acompañada de altibajos y es normal que a veces aparezcan conflictos, lo cual no significa en absoluto que la relación vaya mal. De hecho, una relación muy positiva y satisfactoria, también tendrá sus ratos problemáticos.
 
La persona capaz de tolerar adecuadamente este tipo de frustraciones o bloqueos a su felicidad o a sus planes, no considera que sea una catástrofe ni lo ve como algo horrible o insoportable. Acepta que el mundo está lleno de obstáculos y que a lo largo de nuestras vidas nos vamos a encontrar con más de uno, de manera que se limita a sortear dichos obstáculos del mejor modo posible y adopta esa actitud que refleja el refrán "Al mal tiempo buena cara".
 
Esta es la diferencia entre la persona que se amarga a sí misma continuamente, y la persona que se siente feliz y satisfecha la mayor parte del tiempo. No necesariamente sucede que uno de ellos tenga menos obstáculos o frustraciones en su vida, sino que los maneja de un modo más realista y más sano.
 
El amargado crónico tiene a menudo una sensación de injusticia, como si los demás o el universo en general estuviesen en su contra, agazapados y dispuestos a fastidiarlo cada vez que tienen la oportunidad. Cuando lo cierto es que su frustración y amargura proceden de su modo de ver las cosas y de su negativa a aceptar que ese estado de felicidad y bienestar permanente al que aspira es simplemente imposible.

 

Por supuesto, puedes construir tu vida de manera que haya en ella el menor estrés posible, lo cual es bastante aconsejable. Puedes tratar de tener un trabajo satisfactorio y rodearte de personas sanas y equilibradas en vez de personas neuróticas y conflictivas. Pero lo que nunca podrás hacer es librarte de todo inconveniente u obstáculo en tu camino. Simplemente aceptando que así son las cosas puedes acabar con gran parte de tu amargura.