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Psicología / Artículos


La agresión

 

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El origen de la agresión

 

Algunos científicos, como K. Lorenz (1966), proponían una hipótesis que sostenía que la evolución ha propiciado que sobrevivan los más crueles y agresivos. Esto contrasta con la idea, sostenida por la psicología moderna, de que el altruismo puede ser también parte de nuestra herencia filogenética, ya que la conducta altruista favorece la supervivencia del individuo y la especie al ayudarse unos a otros. Las conductas altruistas se han observado también en otras especies: en un experimento realizado con monos que habían aprendido que sólo recibirían comida si tiraban de una cadena, se vio que cuando al tirar de dicha cadena observaban cómo otro mono de su misma especie recibía una descarga eléctrica, el 87% prefirió pasar hambre antes que herir a un compañero. Aquí habría que señalar que en un experimento parecido realizado con personas (en este caso las descargas eran fingidas) en el que un experimentador ordenaba a un sujeto aplicar descargas a un compañero como castigo, el 40% de los sujetos obedece. Por supuesto, ambas situaciones no son idénticas y tal vez no puedan establecerse comparaciones, ya que los factores psicológicos que intervienen pueden ser diferentes.

 
La sociedad ejerce también una gran influencia modelando estos comportamientos de forma diferente según las diversas culturas (en occidente, por ejemplo, la mayoría de las personas prefiere devolver el golpe, mientras que en China prefieren retirarse). Así mismo, cada individuo tiene la capacidad de ejercer control incluso sobre las conductas o motivaciones con un mayor condicionamiento biológico, como puede ser el hambre (en el caso de las dietas) o el sueño, cuando decidimos pasar la noche entera despiertos.

 

¿Qué desencadena la agresión?

 

Las diferencias interindividuales e intergrupales a la hora de manifestar o no un comportamiento agresivo, hace resaltar un aspecto importante en el estudio de la agresión: está en función de cómo las personas perciben e interpretan algún suceso o situación. Si se percibe un empujón como intencionado y hostil, hay más probabilidades de reaccionar de forma agresiva.

 
En el caso de la agresión instrumental, ésta es más probable cuando se percibe como rentable que cuando la vemos como potencialmente peligrosa para nosotros. Hay varios factores que pueden llevar a un aumento de las conductas agresivas. Uno de ellos consiste en pensar que la agresión es fácil o haberla utilizado con éxito en el pasado. Observar modelos agresivos que nos muestran cuándo y cómo la agresión puede tener éxito enseñan patrones de conducta agresivos que la gente puede imitar incluso si han sido castigados en los modelos, ya que una vez aprendido el comportamiento puede utilizarse en una ocasión en la que se piense que el castigo u otras consecuencias negativas son menos probables.

 

También existen diferencias entre sexos, siendo los hombres más agresivos que las mujeres. La agresión parece más fácil y menos arriesgada para los hombres y suelen verla como menos peligrosa. Las diferencias en la educación así como características biológicas pueden estar influyendo también en estas diferencias entre sexos.

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