El relato terapéutico

E-mail

Índice de libros       Índice de relatos

 

 

Psicoterapia virtual

 

Tratamiento con flores de Bach

 

Test

 

Libro electrónico de autoayuda

 

Cursos de autoayuda

 

 

 

 

 

 

*El árbol

Página 1

Página 2

No sé bien por qué, pero no quiero que se vaya; no quiero que me deje. Tal vez comprende mi mirada implorante porque, a pesar de no tener boca, sus ojos me sonríen amablemente. Avanza unos pasos hacia mí, se detiene, da un pequeño salto y empieza a bailar alrededor del árbol, siguiendo el ritmo del sonido provocado por los estallidos de las bombas. Baila sin cesar, haciendo piruetas, dando volteretas, saltando, levantando sus frágiles brazos con cada explosión, girando al compás del sonido de los obuses que silban al atravesar el cielo a  poca altura, consiguiendo transformar los aterradores estallidos en música. Al ver a ese extraño ser bailar parece como si todos y cada uno de los sonidos y estruendos de las bombas se sucediesen en perfecta armonía, como trombones y flautas orquestados por una mano invisible que consiguiera convertir aquella atroz destrucción en melodía. Impulsada por una extraña sensación en mi interior, me sitúo detrás de la extraña criatura y empiezo a bailar imitando sus movimientos, sintiendo cómo una inmensa alegría me invade poco a poco hasta llenarme por completo y hacerme reír y saltar de felicidad con cada bomba, cada silbido, cada edificio echado abajo. Varias personas me observan boquiabiertas, pero pronto acaban uniéndose a mí y su número va en aumento hasta que somos muchos los que bailamos y reímos alrededor del árbol mientras las bombas destrozan todo lo que construimos.

   No me di cuenta del momento exacto en el que la pequeña criatura desapareció, pero por entonces ya no me importaba. Bailamos durante tanto tiempo que al final fuimos cayendo exhaustos al suelo y nos quedamos dormidos, tras largas noches de insomnio, ajenos a la destrucción que estaba teniendo lugar a nuestro alrededor. Cuando despertamos los bombardeos se habían detenido. Todo estaba completamente destrozado y no quedaba un solo lugar, hasta donde alcanzaba mi vista, donde las bombas no hubiesen caído, excepto el árbol y la pequeña plaza en medio de la cual se alzaba. Más tarde supe que yo fui la única persona que había visto aquella pequeña criatura de madera. Sea como fuese, todos estábamos vivos y dispuestos a reconstruir de nuevo nuestras casas y nuestras vidas, porque la alegría que habíamos sentido durante nuestra frenética danza se había quedado adherida para siempre a nuestros corazones y sabíamos que el duro y cansado trabajo que nos quedaba aún por hacer podríamos hacerlo bailando al ritmo de cualquier sonido.

 

Página principal: psicología y medicina

 

Psicosomática

 

Medicinas alternativas

 

 

 
     

 

Copyright © Ana Muñoz, Cepvi.com. Psicología, medicina y salud. Reservados todos los derechos.

Información sobre copyright