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F43 Reacciones a
estrés grave y trastornos de adaptación
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F43.1 Trastorno de estrés
post-traumático
Trastorno que surge como respuesta
tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una situación
(breve o duradera) de naturaleza excepcionalmente amenazante o
catastrófica, que causarían por sí mismos malestar generalizado en
casi todo el mundo (por ejemplo, catástrofes naturales o producidas
por el hombre, combates, accidentes graves, el ser testigo de la
muerte violenta de alguien, el ser víctima de tortura, terrorismo,
de una violación o de otro crimen). Ciertos rasgos de personalidad
(por ejemplo, compulsivos o asténicos) o antecedentes de enfermedad
neurótica, si están presentes, pueden ser factores predisponentes y
hacer que descienda el umbral para la aparición del síndrome o para
agravar su curso, pero estos factores no son necesarios ni
suficientes para explicar la aparición del mismo.
Las características típicas del
trastorno de estrés post-traumático son: episodios reiterados de
volver a vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que
tienen lugar sobre un fondo persistente de una sensación de
"entumecimiento" y embotamiento emocional, de despego de los demás,
de falta de capacidad de respuesta al medio, de anhedonia y de
evitación de actividades y situaciones evocadoras del trauma. Suelen
temerse, e incluso evitarse, las situaciones que recuerdan o
sugieren el trauma. En raras ocasiones pueden presentarse estallidos
dramáticos y agudos de miedo, pánico o agresividad, desencadenados
por estímulos que evocan un repentino recuerdo, una actualización
del trauma o de la reacción original frente a él o ambos a la vez.
Por lo general, hay un estado de
hiperactividad vegetativa con hipervigilancia, un incremento de la
reacción de sobresalto e insomnio. Los síntomas se acompañan de
ansiedad y de depresión y no son raras las ideaciones suicidas. El
consumo excesivo de sustancias psicotropas o alcohol puede ser un
factor agravante.
El comienzo sigue al trauma con un
período de latencia cuya duración varía desde unas pocas semanas
hasta meses (pero rara vez supera los seis meses). El curso es
fluctuante, pero se puede esperar la recuperación en la mayoría de
los casos. En una pequeña proporción de los enfermos, el trastorno
puede tener durante muchos años un curso crónico y evolución hacia
una transformación persistente de la personalidad (ver F62.0).
Pautas para el diagnóstico
Este trastorno no debe ser
diagnosticado a menos que no esté totalmente claro que ha aparecido
dentro de los seis meses posteriores a un hecho traumático de
excepcional intensidad. Un diagnostico "probable" podría aún ser
posible si el lapso entre el hecho y el comienzo de los síntomas es
mayor de seis meses, con tal de que las manifestaciones clínicas
sean típicas y no sea verosímil ningún otro diagnóstico alternativo
(por ejemplo, trastorno de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo o
episodio depresivo). Además del trauma, deben estar presentes
evocaciones o representaciones del acontecimiento en forma de
recuerdos o imágenes durante la vigilia o de ensueños reiterados.
También suelen estar presentes, pero no son esenciales para el
diagnóstico, desapego emocional claro, con embotamiento afectivo y
la evitación de estímulos que podrían reavivar el recuerdo del
trauma. Los síntomas vegetativos, los trastornos del estado de ánimo
y el comportamiento anormal contribuyen también al diagnóstico, pero
no son de importancia capital para el mismo.
Incluye: Neurosis traumática.
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